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17/07/36
ALOCUCIÓN RADIADA
« ¡Españoles!
A cuantos sentís el santo nombre de España, a los que en
las filas del Ejército y la Armada habéis hecho profesión
de fe en el servicio de la patria, a cuantos jurasteis defenderla de sus
enemigos hasta perder la vida, la nación os llama a su defensa.
La situación en España es cada día más crítica;
la anarquía reina en la mayoría de los campos y pueblos;
autoridades de nombramiento gubernativo presiden, cuando no fomentan, las
revueltas; a tiro de pistola y ametralladoras se dirimen las diferencias
entre los asesinos que alevosa ,y traidoramente os asesinan, sin que los
poderes públicos impongan la paz y la justicia. Huelgas revolucionarias
de todo orden paralizan la vida de la población, arruinando y destruyendo
sus fuentes de riqueza y creando una situación de hambre que lanzará
a la desesperación a los hombres trabajadores. Los monumentos y
tesoros artísticos son objeto de los más enconados ataques
de las hordas revolucionarias, obedeciendo a la consigna que reciben de
las directivas extranjeras, con la complicidad y negligencia de los gobernadores
de monterilla. Los más graves delitos se cometen en las ciudades
y en los campos, mientras las fuerzas de orden público permanecen
acuarteladas, corroídas por la desesperación que provoca
una obediencia ciega a gobernantes que intentan deshonrarles. El Ejército,
la Marina y demás institutos armados son blanco de los más
soeces y calumniosos ataques, precisamente por parte de aquellos que debían
velar por su prestigio, y, entretanto, los estados de excepción
de alarma sólo sirven para amordazar al pueblo y que España
ignore lo que sucede fuera de las puertas de sus villas y ciudades, así
como también para encarcelar a los pretendidos adversarios políticos.
La Constitución, por todos
suspendida y vulnerada, sufre un eclipse total: ni igualdad ante la ley;
ni libertad, aherrojada por la tiranía; ni fraternidad, cuando el
odio y el crimen han sustituido el mutuo respeto; ni unidad de la Patria,
amenazada por el desgarramiento territorial, más que por regionalismos
que los Poderes fomentan; ni integridad ni defensa de nuestra frontera,
cuando en el corazón de España se escuchan las emisoras extranjeras
anunciar la destrucción y reparto de nuestro suelo. La Magistratura,
cuya independencia garantiza la Constitución, sufre igualmente persecuciones
y los más duros ataques a su independencia. Pactos electorales,
hechos a costa de la integridad de la propia Patria, unidos a los asaltos
a Gobiernos civiles y cajas fuertes para falsear las actas formaron la
máscara de legalidad que nos presidía.
Nada contuvo las apariencias del
Gobierno, destitución ilegal del moderador, glorificación
de las revoluciones de Asturias y Cataluña, una y otra quebrantadoras
de la Constitución, que en nombre del pueblo era el Código
fundamental de nuestras instituciones.
Al espíritu revolucionario
e inconsciente de las masas, engañadas y explotadas por los agentes
soviéticos, se ocultan las sangrientas realidades de aquel régimen
que sacrificó para su existencia 25.000.000 de personas, se unen
la molicie y negligencia de autoridades de todas clases que, amparadas
en un Poder claudicante, carecen de autoridad y prestigio para imponer
el orden en el imperio de la libertad y de la justicia.
¿Es que se puede consentir
un día más el vergonzoso espectáculo que estamos dando
al mundo? ¿Es que podemos abandonar a España a los enemigos
de la Patria, con proceder cobarde y traidor, entregándola sin lucha
y sin resistencia?
¡Eso, no! Que lo hagan los
traidores pero no lo haremos quienes juramos defenderla.
Justicia, igualdad ante las leyes,
ofrecemos.
Paz y amor entre los españoles;
libertad y fraternidad, exenta de libertinajes y tiranías.
Trabajo para todos, justicia social,
llevada a cabo sin encono ni violencia y una equitativa y progresiva distribución
de riqueza, sin destruir ni poner en peligro la economía española.
Pero, frente a esto, una guerra
sin cuartel a los explotadores de la política, a los engañadores
del obrero honrado, a los extranjeros y a los extranjerizantes, que, directa
y solapadamente, intentan destruir a España.
En estos momentos es España
entera la que se levanta pidiendo paz, fraternidad y justicia; en todas
las regiones el Ejército, la Marina y fuerzas del Orden público
se lanzan a defender la Patria.
La energía en el sostenimiento
del orden estará en proporción a la magnitud de la resistencia
que se ofrezca.
Nuestro impulso no se determina
por la defensa de unos intereses bastardos ni por el deseo de retroceder
en el camino de la Historia, porque las instituciones, sea cuales fuesen,
deben garantizar un mínimo de convivencia entre los ciudadanos,
que, no obstante las ilusiones puestas por tantos españoles, se
han visto defraudadas pese a toda la transigencia y comprensión
de todos los organismos nacionales, con una respuesta anárquica,
cuya realidad es imponderable.
Como la pureza de nuestras intenciones
nos impide el yugular aquellas conquistas que representan un avance en
el mejoramiento político social, el espíritu de odio y venganza
no tiene albergue en nuestro pecho; del forzoso naufragio que sufrirán
algunos ensayos legislativos, sabremos salvar cuanto sea compatible con
la paz interior de España y su anhelada grandeza, haciendo reales
en nuestra Patria, por primera vez y en este orden, la trilogía,
fraternidad, libertad e igualdad.
Españoles: ¡Viva España!
¡Viva el honrado pueblo español!
Tetuán, 17 de julio de 1936.»